Como muchos ya sabréis, y sino lo descubriréis ahora, soy una voraz lectora del género romántico adulto, especialmente del paranormal o fantástico. Por ende, defiendo a capa y espada cada ejemplar que cae en mis manos y arremeto contra cualquiera que salte con prejuicios de ignorante. No obstante, no puedo negar que no es un género perfecto: hay errores típicos que predisponen a odiarlo.
En su momento, ya os hablé de los tópicos del género así como de esas horrendas portadas que nos reprimen a la hora de comprar. Ahora, no podía faltar otro factor que no podemos pasar por alto, y son esas sinopsis tan predispuestas a hablarnos del terreno sexual que obvian esa bonita historia que espera ser leída.
La sinopsis de una novela romántica no te hablará nunca de las sensaciones del primer amor, del hormigueo y las mariposas en el estómago, no te contará que el dúo protagonista vivirá ese primer amor que podrá con cualquier barrera; te hará saber en dos líneas que se atraerán tanto que acabarán oxidando los muelles del colchón. Con adjetivos como "pasional", "prohibido", "fogoso" o derivados que impliquen altas temperaturas. El amor, viene dentro de sus páginas.




