En el día de ayer debería haber lanzado esta reseña, pero entre unas cosas y otras, al final la he retrasado a lunes para empezar la semana de buen humor, o no. El libro a comentar en cuestión ha recibido varias negativas, así que sin más, os dejo la mía.
De nuevo, muchas gracias a La Galera por el envío del ejemplar.
Como siempre, una ficha técnica:
Libro: El secreto de Lucía Mørke (2011)
Autor: Inés Macpherson
Editorial: La Galera
Género: terror juvenil, misterio, paranormal
Año de publicación: octubre 20111
Páginas: 257
Edición: tapa blanda con solapas
Valoración: 5/10
¿De qué trata?
Lucía Mørke es hija de una pareja noruega y pasa las tardes leyendo relatos góticos a su vecino ciego. Pero la carta de un amigo desaparecido dos años atrás cambiará su vida para siempre. En ella la cita en una carretera desierta en los Monegros, escenario de numerosas leyendas urbanas.
Aprovechando un fin de semana que se queda sola, tras teñirse el pelo de negro, emprende un azaroso viaje en autostop hacia lo desconocido. Sin embargo, en el lugar del encuentro lo único que halla es el abandonado Hotel Limbo y, colgada en la puerta, la brújula que ella le regaló el día en que casi se dieron un beso.
Aprovechando un fin de semana que se queda sola, tras teñirse el pelo de negro, emprende un azaroso viaje en autostop hacia lo desconocido. Sin embargo, en el lugar del encuentro lo único que halla es el abandonado Hotel Limbo y, colgada en la puerta, la brújula que ella le regaló el día en que casi se dieron un beso.
Tengo que aprender de una vez que "quien avisa no es traidor", y es que antes de sumergirme en la odisea literaria de El secreto de Lucía Mørke, no eran pocas las reseñas que contaban su desilusión tras finalizar la lectura. Sinopsis ilusorias aparte, me uno a este bando: el presente libro me ha decepcionado.
Pongámonos primero en antecedentes. Escogí El secreto de Lucía Mørke porque me encanta lo paranormal y su aliciente de hablar de leyendas urbanas me sedujo de sobremanera. Tanto el diseño exterior como el interno del libro nos dan una presentación más que terrorífica de la historia, y así fue durante los primeros capítulos, donde nuestra protagonista Lucía nos habla de sus allanamientos de morada a mansiones encantadas, fantasmas dentro del lote, e incluso dedica un par de capítulos a macabras historias acaecidas en Barcelona, como la línea 1 de metro que utilizo todos los días. ¡Sublime, aterrador, impresionante!
Andaba yo con la lectura como un niño en el día de Navidad hasta que... Lucía se embarca en el viaje hacia los Monegros para rescatar a Hugo. Aquí, la historia da un giro que la acaba destrozando por completo, empezando por la propia protagonista. ¿Se puede ser más insensata y estúpida? La pobre muchacha se gana enseguida la antipatía del lector porque acaba haciendo todo lo que nos aconsejaron no hacer de pequeños: irse con gente desconocida, subirse al coche de un conductor anónimo, confiar en extraños, bajar la guardia... ¿e intenta ir luego de madura investigando hechos paranormales?
Y lo que ha acabado de fastidiarme de El secreto de Lucía Mørke es su enferma trama, a caballo entre la bipolaridad y la esquizofrenia, con unas ganas terribles de finiquitar el manuscrito sin repasar para enviarlo a la editorial. Y es que la autora intenta aglutinar diferentes historias de terror, como la mítica chica de la curva, con su propia historia de fantasmas y, craso error, demostrar que los podemos palpar todos en la realidad, y en un solo hotel apartado de la carretera, para ahorrar tiempo. ¿Algo más? Pues sí, la incógnita principal, la que nos ha hecho aguantar el tipo hasta el final, no queda bien explicada, sino que hay que echarle imaginación. No, gracias.
El secreto de Lucía Mørke es decepcionante. La primera parte de la novel es brutal, la leí en un suspiro y la disfruté; nos habla de leyendas, casos paranormales y obtenemos una protagonista un tanto atolondrada pero decente. Después, todo es cuesta abajo, con prisas, muchas escenas a oscuras y una Lucía digna de llevarse un buen par de guantazos. ¿Os lo recomendaría? Quién sabe.

