martes, 6 de noviembre de 2007

El lenguaje de signos, ahora como elemento televisivo en Japón

Pretendía hacer un resumen de las últimas conferencias que se han dado en mi facultad, pero lamentablemente no he asistido a la mayoría por estar enferma, así que no puedo dar mi visión ni opinión de ellas.





















No obstante, me voy a otro tema.
Este fin de semana me dio por bajar otra serie asiática para pasar el rato y que, al final del primer capítulo, me pareció original por su trama. Hablo de Orange Days.

Los primeros minutos de la serie hay que reconocer que son soporíferos. Kai, un joven universitario, busca empleo como asistente social porque su meta en la vida es poder ayudar a las personas. Kai es simpático, tierno, amigo de sus amigos, tiene casa, estudios, una novia con una relación estable, etc. Su mundo está definido y, si bien puede ser monótono para cualquier europeo, a él ya le está bien. Pero todo cambia cuando conoce a Sae. Una chica guapa, atractiva, de mirada felina, seria e inquebrantable. Enseguida surge la química y no dudan en seguir adelante juntos.

Hasta aquí parece una estúpida serie de amor adolescente con sus peleas y reconciliaciones. Pero es que Sae es sordomuda.


Me parece interesante una serie que refleja la sociedad sordomuda actual. Durante el primer capítulo se ven los prejuicios, las limitaciones del poder comunicarse, el mundo limitado de la propia Sae. Sin ir más lejos, los mismos amigos de Kai rechazan a la chica porque, claro, "es sorda y cómo se va a hablar con ella". Sae, además, es reacia al contacto humano y ya en la primera cita con Kai le explica que está harta que la gente le evite por su discapacidad. Sin embargo, Kai la trata como una igual y enseguida aprende el lenguaje de signos para poder hablar con ella.

El lenguaje de signos japonés me sorprendió bastante. Ignorante de mí, pensaba que sería como el que veo en Catalunya, incluso universal, pero me sorprendió ver cómo eran una mezcla de representaciones de kanjis y gestos. La serie está muy bien lograda en este ámbito, siendo Kai una ayuda para el público novato, yendo despacio cuando mueves las manos, gesticula, teniendo incluso debajo la traducción para los más lentos. Cuando habla Sae, además, se tienen primeros planos para poder apreciar sus movimientos.
Pero no todo puede ser perfecto, y es que hay errores garrafales en la misma serie que los productores deberían haber tenido en cuenta. La misma Sae se presenta como una chica que hace poco que perdió sus facultades pero que ha aprendido rápido a leer los labios. No obstante, durante todo el capítulo simplemente mira fijamente a los ojos con quien habla y dice no comprenderle, para después rematar diciendo que nunca ha escuchado el piar de los pájaros.
Otro aspecto gracioso es que, incomprensiblemente, cuando la gente se dirige a ella, lo hacen con palmadas o picando en una mesa. Gracioso porque ella es sorda y, lógicamente, no va a escuchar el ruido.

Descartando estos errores del oficio, creo que la serie es educativa en el aspecto de mostrar otra parte de la sociedad que muy poca gente tiene por mano. Todos tenemos constancia de los sordos, pero son una minoría los que la conocen bien. Los capítulos muestran el día a día de Sae, sus problemas, sus incertidumbres, su relación con el mundo y lo demás, cómo los que la rodean aprender a entenderla, etc. Y, cómo no, se enseña cómo es el lenguaje de signos.
Muy recomendable.


martes, 16 de octubre de 2007

“Muérete, perra”. El bullying en Japón




















Este fin de semana me bajé una serie japonesa típica y tópica que, aún así, prometía ser interesante. Se llamaba LIFE e iba sobre el acoso escolar en los institutos japoneses. Ya siendo asidua a ver series asiáticas, y después del éxito que supuso en Japón el morbo de A littoru no namida (un litro de lágrimas, traducido) donde se nos mostraba cómo una chica de 15 años iba muriéndose a causa de la enfermedad degenerativa espinocerebral que padecía, decidí echarle un vistazo a los primeros capítulos.

Antes que nada, cabe destacar que la enseñanza japonesa dista mucho de la española. Ya los niños de parvulario obtienen unas normas muy diferentes a las que tenemos aquí: están obligados a llevar uniforme, a permanecer callados, a aprender a hablar correctamente (el idioma japonés es diferente dependiendo de si eres hombre o mujer) y a saber sacar ya buenas notas. Cuando pasen los años, además, deberán hincar codos para poder entrar en la escuela, en el instituto y en la universidad. Aquí deberán seguir con su rutina: uniforme, obediencia, educación y lo más importante, excelencia académica.

Con este panorama, no es de extrañar que a menudo, a los alumnos japoneses, se les denomine “bonsáis”. Un pequeño arbusto que hay que ir podando para que haga juego con el jardín de la vida.

Así se nos plantea la juventud japonesa, llena de tensiones, tabúes, prohibiciones y reglas que hay que seguir. No es de extrañar que muchos descarrilen y, en consecuencia, maltraten a los demás.

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Ayumu se dirige a su instituto felizmente cuando, de repente, alguien le lanza desde el piso de arriba, una silla y una mesa que lleva escrito “muérete, perra”. Ella mira desafiante a su enemigo para así acabar con la primera escena.

Seguidamente, tenemos un flashback que nos cuenta qué ha pasado. Ayumu tenía una gran amiga, Shiho, y las dos habían decidido ir al mismo instituto, pero como nuestra protagonista sacaba notas muy justas, Shiho había decidido ayudarla para poder entrar juntas. Cosas de la vida, Ayumu sacaba más nota en el examen y su amiga se quedaba fuera. Shiho, impotente, le espetaba que se muriera y acto seguido se suicidaba.

Ahora, en el instituto de sus sueños, Ayumu decide no tener más amigas para no herir ni que la hieran. Aún así, Manami, la chica más popular y atractiva de la clase, entabla amistad con ella.

Todo parece perfecto, pues entra en el círculo de los populares, por lo que Ayumu piensa que el pasado no se repetirá. Pero Manami no es tan guay como parece. Una compañera de clase, Hiro, ha salido en una revista por ser guapa en vez de Manami. ¿Qué hace ella? Obliga a las chicas de clase que ignoren a Hiro. Ella, asustada, se acerca a Ayumu para pedir consuelo, pero ésta, por miedo que Manami la desprecie, la ignora. Los chicos empiezan entonces a abusar de Hiro y ella acaba creyendo que la culpable de su desgracia es la inocente de Ayumu.

A estas intermedias, Manami, que tiene el novio más guapo de todo el instituto, Sako, empieza a tener problemas con él. Manami, posesiva, le manda a Ayumu que hable con él. La chica le sigue hasta su casa y allí se encuentra con la verdad: Sako en realidad es un pervertido sádico que disfruta maltratando a jóvenes indefensas, pero es incapaz de hacerle daño a Manami porque justamente el padre de ella es el superior del suyo. Sako maniata a Ayumu, abusa de ella y le hace prometer que, si no dice nada, volverá a ser cariñoso con su novia. Ayumu acepta por el bien de su amiga.

Al día siguiente, pero, las cosas no van bien: Hiro grabó a Ayumu yendo con Sako, y lo acaba de enseñar a Manami.

El bullying está servido.

Romperle la taquilla, quemarle los zapatos, lanzarle alfileres, abusar de ella en los lavabos… son nimiedades que sufre Ayumu en los primeros capítulos de la serie. Y todo, por un malentendido.

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Cabe decir que hay otros aspectos que la serie muestra, que hay que saber ver si una está acostumbrada a las series asiáticas. A diferencia de nuestra educación, que a veces podemos contar incluso con una formación personalizada, en la serie podemos ver cómo los profesores ignoran el bullying que sufre la protagonista. Para un docente, simplemente son alumnos que deben aprender, escribir lo que ellos dejan en la pizarra, y sus vidas personales no son de su incumbencia. Y los alumnos, cuando sufren, son incapaces de hablar con ellos porque no ven ninguna mirada amiga. Además de ello, la familia también es un punto flaco en el apoyo moral de un adolescente. En la misma serie, la madre de Ayumu ignora por completo qué siente su hija, pues lo único que quiere es que, como mujer japonesa que supone y sus limitaciones, consiga un empleo estable para no tener que preocuparse por ella. Es más, le importa sólo su hijo, preparándose para entrar en la escuela, y en más de una ocasión desprecia a su hija por sus malas notas.

La serie, pues, me parece muy interesanrte. La cultura japonesa me atrapa y series en donde se pueda reflejar claramente son una delicia para mí. La educación japonesa, es más, es mi tema favorito. La enseñanza japonesa me parece tan diferente de la nuestra que no puedo evitar informarme. Los jóvenes, que también pueden sentirse como nosotros, deben pasar por más problemas que los nuestros. La cultura japonesa podemos decir que es más cerrada al mundo, fiel a sus costumbres, y los adolescentes nipones nacen con ganas de ser libres y deben vivir durante toda su formación estrictas reglas para seguir con las tradiciones. Si bien el bullying es ahora un tema mundial, al ver esta serie puedo leer entre líneas la impotencia de una educación que se escama poco a poco.



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